La alarmante escasez de variedades
Nuestra dieta global, sorprendentemente, depende en gran medida de un trío arroz, maíz y trigo. Estos tres granos representan aproximadamente el 60% de las calorías y proteínas vegetales que consumimos, una cifra preocupante que nos deja vulnerables. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha señalado esta tendencia como un riesgo latente para la seguridad alimentaria, sobre todo en las regiones más necesitadas.
El llamado urgente a la acción
La situación de las verduras es aún más crítica. Los bancos de germoplasma, guardianes de la diversidad genética, albergan menos del 10% de variedades de verduras, una estadística especialmente sombría para las especies originarias de África. Expertos como Maarten van Zonneveld, líder en recursos genéticos del Centro Mundial de Hortalizas, advierten que esta negligencia compromete seriamente la resiliencia de nuestros sistemas alimentarios. Perder esta variabilidad genética nos hace más susceptibles a enfermedades, plagas y los embates del cambio climático, poniendo en riesgo la sostenibilidad agrícola a largo plazo.
Un futuro cultivado en la diversidad
Ante este panorama, surge una iniciativa vital el Plan para Salvar la Biodiversidad de Hortalizas Africanas. Lanzado en el marco del Cumbre Africana de Sistemas Alimentarios en Kigali, Ruanda, este plan es parte del ambicioso programa „Visión para Cultivos y Suelos Adaptados“ (VACS). La meta es clara durante la próxima década, devolver el protagonismo a los cultivos autóctonos, a menudo llamados „olvidados“. Al redescubrir y promover estas especies, como el fonio o diversas hojas verdes locales, no solo combatimos la desnutrición, sino que edificamos un futuro alimentario más resiliente y sostenible para comunidades enteras, incluso para las que se encuentran en Paraguay.